lunes, 16 de mayo de 2011

AEROPUERTOS (I): Puedes venir a pasear

 
¿Qué mejor sitio para pasear que un aeropuerto vacío? El aeropuerto de Castellón, sigue a la espera de las licencias necesarias para su uso, que en el momento de su inauguración, el pasado 25 de marzo, aun no habían sido solicitadas. Esto, que podrían entenderse como un problema, se ve por algunos políticos como una oportunidad. Para algunos resulta evidente que si hubiera aviones, la gente del resto de municipios de la provincia no podría disfrutar del placer que supone coger un autobús a Vilanova de Alcolea para hacer una visita turística a la nueva infraestructura. La Junta Electoral, por su parte, un poco mal pensada, ha prohibido recientemente estas visitas guiadas por entenderlas como un acto electoral, cosa poco probable según el afortunado Carlos Fabra (Presidente de la Diputación de Castellón y frecuente ganador de lotería), por estar organizadas por una contrata externa.

Un consorcio entre FCC y la Caja de Ahorros del Mediterráneo ha sido el encargado de construir éste aeropuerto, que ha costado 150 millones de euros, a cambio de la concesión de la gestión de éste durante 50 años. Sin embargo, las malas previsiones y la baja rentabilidad prevista, han llevado recientemente a renegociar la concesión, haciéndose cargo finalmente la empresa pública Aerocas (Generalitat, 98%, y Diputación de Castellón, 2%) que se estima invertirá en 56 millones de euros en los próximos ocho años.

El Gobierno, del cual depende el Ministerio de Fomento sobre el que recaen las competencias aeroportuarias y que levantó la suspensión de las obras del aeropuerto en 2005, afirma que su previsión sobre la entrada de turistas en él es del “0,0001%”. ¿Por qué construir un aeropuerto entonces? Esta previsión no coincide con las grandes expectativas de los hoteleros de la zona que apuestan más bien por la predicción lanzada por Francisco Camps el día de la inauguración: “hoy empieza la transformación socio-económica de Castellón”.

No nos engañemos, ni el dinero invertido, ni la discutida necesidad, ni el suelo natural y los recursos consumidos importan, con tal de tener un nuevo lugar de paseo, mucho mejor que los obsoletos parques, calles y plazas, al que los ciudadanos de la zona puedan acudir orgullosos, en autobús o en AVE, y pensar que Castellón “va bien”.

Fuentes:

Camps y Fabra inauguran el aeropuerto de Castellón sin aviones
El Consell gestionará el aeropuerto de Castellón y pagará las pérdidas
El Gobierno prevé un "0,0001%" de viajeros en el aeropuerto de Castellón
Castellón inaugura su aeropuerto con 150 millones de inversión pero sin vuelos

6 comentarios:

  1. Y va para rato: La falta de liquidez de Camps retrasa más el aeropuerto de Castellón: «Pero no es la única obligación financiera contraída por el Gobierno valenciano con el aeropuerto que hasta la fecha ha sido incumplida. Gerardo Camps también reconoció que todavía adeudan alrededor de cuatro millones de euros a Concesiones Aeroportuarias por sobrecostes en la obra, y esta empresa añade otros 11 millones de euros en atrasos a la constructora del aeropuerto que debieron pagarse en diciembre del paso año.»

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  2. El caso del Aeropuerto de Castellón es de risa, pero tenemos muchos otros casos, no tan mediáticos, de infraestructuras absurdas sin uso: Fomento intenta rescatar de la quiebra a las radiales de peaje inyectando 200 millones. En el caso de las infraestructuras privadas, los problemas al menos afloran, pero con las infraestructuras públicas se tira el dinero y nunca más se sabe de él. Sin embargo, hasta ahora, los únicos que se habían opuesto a las infraestructuras absurdas e innecesarias habían sido los ecologistas (Las organizaciones ecologistas reiteran su rechazo al PEIT), al resto del mundo le parecía estupendo; pero cuando hay que pagar las facturas, nos cuesta abrocharnos el cinturón...

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  3. «autovía y AVE para todos, no se sostiene desde un punto de vista ambiental, ni social, ni económico. Sólo es entendible desde una óptica populista, que falazmente asocia desarrollo y bienestar social con inversión en infraestructuras, una relación que muchos estudios ponen en cuestión.» (Cartas: Ante la aprobación del PEIT en Consejo de Ministros)

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  4. «Dentro del aeropuerto el silencio es sepulcral. En la planta baja no hay ni una sola persona, solo alguna oficina de alquiler de coches y de otros servicios, todas cerradas. Ni una mosca en los cerca de 200 metros que hay de izquierda a derecha. Ese día sólo sale un vuelo...» (Una travesía por el aeropuerto fantasma de Ciudad Real)

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  5. Es indignante pero es así, no se presta atención al "urbanismo de lo cotidiano", los parques, las plazas, las calles... que tratadas con un poco de cuidado, de respeto, de cariño y escuchando las ideas, las necesidades y los deseos de quienes los usan, podrían tener múltiples efectos beneficiosos: paisaje urbano, dinamismo, diversidad, calidad de vida... sin embargo o no hay dinero para intervenir o cuando lo hay los proyectos se hacen fatal! (no hay más que ver muchos de los resultados del plan-E, como la ampliación de aceras de la calle Monte Igueldo, en Vallecas, que sufro a diario...)

    En cambio se siguen impulsando las grandes infraestructuras, aves, autopistas, aeropuertos, pero ¿por qué? si ya ni siquiera se pueden justificar con el pensamiento cortoplacista del beneficio económico... (sin entrar en los efectos perversos que este tipo de actuaciones tienen sobre el medio ambiente: emisiones, cambio climático, destrucción de suelo, de ecosistemas,...).

    Cuando las cuentas están claras, y rehabilitar es rentable y no se hace, y los proyectos faraónicos son un fracaso y se siguen haciendo, algo va muy mal con la lógica financiera, ¿qué clase de inercia suicida conduce a apoyar tales despropósitos?

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  6. Creo que al lema que se está poniendo de moda: «no somos mercancía en manos de políticos y banqueros», le falta la tercera pata, las constructoras, para conformar la santísima trinidad. Como dice Naredo: «en España, más que hablar de neoliberalismo habría que hablar de neofeudalismo o, tal vez mejor, de neocaciquismo» (El modelo inmobiliario español y sus consecuencias). Todo ello explica la obsesión por las grandes obras públicas.

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