sábado, 30 de julio de 2011

España hipotecada

 
Con las últimas movilizaciones contra los desahucios, organizadas desde hace meses por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y que cuentan desde hace semanas con el apoyo del Movimiento 15M, ha salido a la superficie, aunque sólo sea la punta del iceberg, un trauma que afecta a miles de familias (249.281 ejecuciones hipotecarias en España a lo largo de 2010). Son las últimas víctimas del akelarre inmobiliario que este país ha sufrido en los últimos tiempos (su duración oficial se sitúa entre 1996 y 2008). Muchas familias han pagado cifras desorbitadas por viviendas que, ahora descubren, no lo valen ni de lejos, y además se encuentran con un marco jurídico que protege a los bancos antes que a las personas. Los bancos son los malos de la película, y sin embargo, están tan hipotecados como sus clientes: el dinero que prestaron no era suyo, sino que tuvieron que pedírselo a entidades extranjeras que ahora lo reclaman. Bancos y familias, todos se creyeron el absurdo mantra de que «el precio de la vivienda nunca baja».

Pero... ¿dónde ha ido todo ese dinero? ¿Se ha evaporado? En parte sí, millones de pequeños especuladores (todo el que podía permitírselo) consiguieron unos cuantos miles de euros de plusvalía y corrieron a gastárselos en viajes, coches y todo tipo de pequeños lujos (sólo con eso ya tenemos un agujero de miles de millones). Otra parte fue a manos de los grandes promotores y constructores, algunos de los cuales supieron recoger beneficios en mitad de la fiesta, aunque muchos se han quedado igualmente enfangados. Todos ellos vivieron a todo tren durante unos cuantos años a costa de los ahorros de los españoles de los próximos 30 o 40 años, y crearon a su alrededor un entorno de corrupción e impunidad que aún persiste. Pero en cualquier caso, la mayor parte del dinero se fue en destruir sistemáticamente el patrimonio del país (¡había tanto campo que urbanizar!), patrimonio no sólo natural y rural, sino también urbano (véase el proyecto para destruir el Cabanyal en Valencia). El resultado, es un enorme stock de viviendas que no valen nada porque nadie quiere vivir en ellas, o porque los que estarían dispuestos a vivir en cualquier sitio, no pueden pagar lo que cuestan. Sólo los necios confunden valor y precio: en este país hemos pagado un precio elevadísimo por algo que definitivamente no lo vale.

¿Y cuál es la solución? Los que han participado más directamente en la gestión de la burbuja lo tienen claro: hay que volver a ponerla en marcha, nunca antes se vivió tan bien en España. El ladrillo volverá para sacarnos de la crisis, especialmente a todos aquellos que ya no saben ganarse la vida de otra manera... El PP promete, como en 1996, aumentar los ingresos del Estado reduciendo los impuestos, como indica el catecismo neoliberal, y recuperar las desgravaciones a la adquisición de viviendas, porque el suelo ya no se puede liberalizar más. Les funcionó durante tres legislaturas (las dos suyas y la primera de Zapatero), a base de vivir a crédito, pero ahora no sólo nos hemos terminado los ahorros, sino que tenemos una descomunal deuda que pagar. ¡Confianza, confianza! es la solución de los mercados. Efectivamente, cualquier esquema piramidal, como nuestra burbuja inmobiliaria, sólo puede sostenerse mediante una confianza ciega, pero ahora ya sabemos que el último en abandonar la fiesta es el que paga los platos rotos. ¿Quién se apunta?

Algunos apuntes al respecto:

Vivienda y cultura especulativa
El apocalipsis inmobiliario
«Si lo sé, no compro»
Hipotecas basura, o esclavos de la hipoteca
¿Estamos locos? Las regiones con más 'stock' son las que construyen más casas nuevas
En España sigue existiendo suelo recalificado y comprometido para 20 millones de viviendas

El ladrillo, al servicio de los políticos, o viceversa, que lo mismo da:
¡Más cemento, es la política!
La otra cultura del ladrillazo
Urbanismo salvaje y estado de derecho

No hay comentarios:

Publicar un comentario